Un pequeño informe acerca de pinturas sobre porcelana

 

                                                      por Christina Hildebrandt

En Alemania todavía hay varias fábricas (manufacturas) de porcelana, de las cuales la
más famosa en Meißen, cerca de Dresde. Allí fue elaborado por primera vez en Europa el “oro blanco” por el alquimista Böttger, en el castillo de Albrechtsburg.
Esto no ocurrió por accidente sino que fue el resultado de muchos años de ensayos, que en 1710 condujeron al éxito. Antes de ello, a instancias de Augusto el Fuerte, sólo se conocían las vasijas de color rojo amarronado hechas con el gres de Böttger, no así las más sutiles  de porcelana blanca translúcida, que Marco Polo había traído de la China.
La composición correcta de cuarzo, feldespato y caolín es la precondición necesaria  para la producción, y a pesar del secreto que rodeaba a este Arcano, a mediados del siglo XVIII se había extendido rápidamente por toda Europa. Surgieron famosas fábricas en Copenhague, Viena, cerca de París… y por supuesto en el corazón de Berlín.

En1763 Federico el Grande le dio el nombre de KPM (Königliche-Porzellan –Manufaktur Berlin = Real Manufactura de Porcelana Berlín) que aún hoy  lleva. Esto significa que habrá para el año próximo grandes celebraciones por el 250º aniversario de la misma. De paso sea dicho que el 24 de enero de 2012 se cumplía el tricentésimo (300º) aniversario del nacimiento de este rey de Prusia!

Ya en aquel tiempo los artistas habían desarrollado diseños y formas; hoy en día se continúa trabajando con esos antiguos modelos en la manera tradicional. La profesión de pintor sobre vidrio y porcelana se inicia en la KPM con una formación de tres años, una vez que se hubiese aprobado una prueba de dibujo de varios días de duración, en la que se evalúa la aptitud. A continuación se aprende durante ocho horas al día a diseñar, con mano serena y firme, ramos de flores y su estructura estricta, con una flor principal, las flores del medio y las estribaciones más finas. Esto también es reiterado con dibujos y copias a lápiz a partir de los modelos tradicionales, hasta que todo quede bien aprendido.
Para conseguir la naturalidad de las flores en su reproducción sobre la porcelana, son importantes los ensayos con lápiz o acuarela. De ahí que hubiese – por lo menos hace veinte años (!) – todos los lunes una jornada de estudio, en parte en plena naturaleza, o por ejemplo, en el jardín botánico o el cercano Tiergarten (jardín zoológico).
Cuanto mejor lograra el artista recrear una flor internalizando su estructura, tanto más podía alejarse de la mera decoración con siempre iguales formas antiguas, carentes de frescura y vitalidad.

La más valiosa es la pintura de paisajes en los platos de porcelana en el estilo rococó, o la de fruta y la pintura de aves. También se decoran las figuras tridimensionales, pero ahí suelen ser necesarias varias horneadas. En la decoración con oro se utilizan grandes cantidades de este metal precioso; después de la cocción a 850 grados, se efectúa un pulido a mano con arena o piedra de ágata y algunas veces debe ser pintado de nuevo, lo que explica la diferencia de precio respecto de la porcelana decorada mediante adhesivos.

Se pinta con pinceles de pelo de ardilla, armados a mano, que a más tardar después de dos meses deben ser reemplazados porque ya se les gastó la punta necesaria para trazar líneas muy finas, o para dibujar minúsculas caritas. El color se va secando sobre el esmalte de base y aun puede ser retocado o (accidentalmente) borrado, dependiendo del temperamento. Aunque ahora hay pinturas para esmalte que pueden comprarse en casi cualquier lugar, dicen en la Argentina, por ejemplo, que los mejores pigmentos de color siguen siendo los que llegan de Alemania.
Preparado con diferentes metales pesados​​, el polvo debe ser amalgamado sobre una paleta de vidrio con la pintura, mediante un moledor. hasta obtener una pasta.

Existen para ello diversos procedimientos [instrumentos? ¿] auxiliares que aquí no pueden ser revelados, a fin de preservar el Arcano. Lo más importante para hacer aparecer una flor con su aspecto natural sobre porcelana, consiste sin duda en emplear pigmentos que posibiliten la matizada aplicación del color, desde los tonos más claros hasta los oscuros. Naturalmente, la premisa básica de ello reside en una percepción internalizada de la flor para decidir dónde y cómo aplicar cada tono cromático.

Si todo ello funcionara así, sin demora, desde el cerebro a las puntas de los dedos, la porcelana sería el más bello telón de fondo para una manera de pintar finísima y de alta precisión. Si se trata más de un arte que de una artesanía, ello depende un poco del desarrollo de cada pintor, pero también de la opinión del contemplador. Como para cualquier otro modo de la expresión artística, vale aquí la premisa: “Si el autor (que al mismo tiempo debe siempre seguir siendo un ejercitador) nada invierte de sí mismo, ¡todo lo que haga será Kitsch!”

Quien desee averiguar más acerca de la KPM y el símbolo del pequeño cetro azul, puede hacerlo consultando su página en alemán y en inglés www.KPM.de   o bien en castellano en la Wikipedia.-

(Tradujo Carlos Haller)