¿ Stammtisch – que pasa ?

Stammtisch SymbolStammtisch

[Información terminológica: En sentido literal, Stammtisch (plural: Stammtische) designa a una mesa o ciertas mesas en un bar, taberna cafetería o restaurant, que quedan reservadas para reuniones periódicas de grupos estables de personas, a fin de que éstas puedan desarrollar – sentadas casi siempre a su alrededor – actividades sociales en días y horarios habituales. La palabra es alemana, pero la “institución” a la cual designa forma parte de los usos y costumbres en pueblos y ciudades de muchos países. En algunos casos, una plaqueta fijada a la mesa o adosada a la pared por encima de ella “hace saber” a propios y extraños la vigencia de esa reserva, que responde a los fines sociales propuestos en cada caso y favorece asímismo los intereses comerciales de quien explota el local. En ciertos establecimientos gastronómicos, determinadas mesas poseen un prestigio de antigüedad y un sentido de homenaje a célebres contertulios que las ocuparon. A veces, el acuerdo tácito o explícito entre mesoneros y público llega al punto de que una tabla destinada a Stammtisch no sea nunca ocupada por otros clientes del local. Los fines sociales de los asistentes a esas peñas pueden ser de lo más variados, siempre que quepa la factibilidad de desarrollarlos alrededor de una mesa. Las de bebedores, jugadores de cartas, conspiradores, literatos, políticos y artistas son sólo algunas categorías frecuentes dentro de una mucho más extensa enumeración.-C.H.]

Un sitio creativo

En Alemania, una de las más vigorosas instituciones formadoras de opinión suele organizarse alrededor de una tabla barnizada, de roble oscuro y sembrada con apoyavasos cerveceros: el Stammtisch, una mesa de taberna reservada para clientes habituales a menudo muy influyentes.

Los grupos que conforman un Stammtisch adquieren un influjo máximo en el campo, en pueblos y aldeas, donde el bodegón aún constituye el centro de la vida social. Ahí se sientan usualmente el alcalde, el guardia forestal, el farmacéutico – las historietas ilustradas de Wilhelm Busch mencionaban entre los contertulios al “Señor Farmacéutico Píldora” – y también el poseedor de una empresa constructora. Lo hacen los domingos, a la salida de la Iglesia, mientras comparten un aperitivo o “chopp mañanero”; también al menos una vez por la semana, al atardecer, para jugar a las cartas y comentar los asuntos del poblado. Su mesa les queda reservada mediante una placa metálica con la inscripción Stammtisch, a veces adherida a los ceniceros vueltos superfluos en nuestros días, que previene a los clientes incautos sobre la conveniencia de que se sienten en otro lugar. En esas reuniones se decide el programa de los festejos lugareños, o se analizan los problemas financieros y deportivos del club de fútbol local. En su mayor parte, estas conversaciones son asunto de los hombres, pero también las mujeres suelen tener su propio Stammtisch. En las ciudades, ellas siempre se encuentran los días miércoles, con la plena convicción de que sus hombres se hallan atrapados por el hechizo de la pantalla televisiva, siguiendo los partidos de la Champions League.

Sin embargo, las discusiones van casi siempre más allá de los temas de índole local y se vuelcan a la política de alcance nacional; luego, las consideraciones expuestas en el Stammtisch se expanden hacia los municipios. Los socialdemócratas sospechan que el Stammtisch tradicional sea una institución sumamente conservadora; que ahí siempre prevalecerá una opinión favorable al reforzamiento de la ley y el orden, los políticos enérgicos y en contra de los inmigrantes. En los Stammtische de las aldeas se encuentra a veces también presente el comandante local de la policía.

Mis experiencias con Stammtische de las regiones del Rhin y en Berlin no llegan a confirmar ese juicio. Aquella mesa en el rincón de la taberna (siempre el ángulo más caldeado, nunca en cercanías del toilette) puede llegar a convertirse en un sitio creativo, donde se barajen ideas antes de que sean receptadas oficialmente en la agenda política de las comunas. Quizás el médico y el farmacéutico, entre dos rondas de Skat, debatan sobre la mejor manera de auxiliar a quienes padecen de reuma en su barriada, o se lamenten de las deficiencias de la última reforma en el sistema nacional de salud, o entre los dos convenzan a algún miembro del concejo municipal para la organización de una semana de esclarecimiento acerca del SIDA. Quizás un responsable de saneamiento ambiental se siente al lado de un comerciante y ambos intercambien ideas sobre el mejor modo de librar a la ciudad de residuos, o conversen sobre la evolución de los precios en el mercado inmobiliario o sobre las nuevas propuestas del gobierno en materia tributaria.

En un Stammtisch rige el principio fundamental de que allí todos pueden hablar abiertamente; de ahí que casi siempre resulte un elemento positivo para la vida comunitaria y eluda obstáculos burocráticos.

Forjadores de opinión desde la base

En nuestros días, en Düsseldorf y Colonia, hay coloquios de Stammtisch que deciden la orientación política de los festejos de Carnaval, mucho antes de que se discuta sobre ello en las asociaciones carnavalescas más accesibles al pueblo en general. No carece esto de importancia. ¿Estaría permitido, con sólo subirse a una carroza del desfile, burlarse del Islam? Durante un corso, donde normalmente las personalidades públicas dirigentes de Alemania son tomadas para la chacota, ¿podría exhibirse una parodia de Barack Obama sin ser tenido como racista? Para el que ve el tema desde afuera, los bebedores de un Stammtisch pueden ser considerados ignorantes en política. (No siempre se bebe cerveza o aun vino: estuve en un Stammtisch donde solamente hemos bebido Cola). A menudo, esos forjadores de opinión en las bases se distinguen por una elevada comprensión política, y no por el solo hecho de que sean gente pragmática ello significa que se resistan a los cambios. Tan sólo hemos de recordar que uno de los más importantes Stammtische del pasado fue el denominado “mesa de los criminales”, que agrupaba a los revolucionarios de 1848 en Leipzig, y que antes de 1848 Karl Marx y F. Engels pertenecían al Stammtisch berlinés de “Los Libres”

Los sociólogos alegan que internet, blogs y twitter influyen cada vez más sobre el comportamiento electoral de la gente. Se preguntan cómo los partidos políticos pudieran llegar en algún momento a incluir en sus agendas de trabajo estos nuevos métodos de difusión de información política importante. Naturalmente, el Stammtisch existió mucho antes que los espacios de chateo por internet; pero para el político corriente, aquél sigue siendo un ámbito inescrutable. Recibir las habituales visitas de delegados de provincias en el parlamento constituye para los políticos, en la mayor parte del mundo, una obligación molesta. No así en Alemania, ya que los parlamentarios están ansiosos por averiguar cuáles son los temas de conversación en las tertulias de los bares. ¿Qué moviliza al electorado de las bases? Los blogs y los sitios de chateo sólo suministran datos acerca de pequeños sectores de la población. En cambio, en las ciudades pequeñas y en las aldeas de Alemania el Stammtisch representa a una parte considerable del electorado.

Ya que los políticos no pueden tener sus ojos y oídos metidos en cada taberna, dependen a menudo de meras especulaciones. Si quieren llegar directamente a los formadores de opinión en las bases, los políticos ofrecen entrevistas o procuran aparecer en la prensa popular o “prensa amarilla”. Ello es un método seguro para hacer conocer sus mensajes políticos directamente a la gente que se reúne en cervecerías y tabernas; esto explica también el poder de que goza [en Alemania] un periódico como el Bild , que se enorgullece de poseer alrededor de doce millones de lectores. Sin embargo, para los políticos sigue siendo un enigma la real influencia de que ellos mismos gozan, si “dan la nota” o si dejan de lado lo esencial.

Importante barómetro

El periódico hebdomadario Die Zeit visitó recientemente varios Stammtische en Alemania; al menos algunas de sus comprobaciones coinciden con mis observaciones efectuadas en mi taberna berlinesa habitual. El director de la campaña electoral de los socialdemócratas, K.W., pronosticó que las personas en riesgo a raíz de la crisis económica [2008/09] querían ver como salvador al estado. Así lo confirmaron también los investigadores de opinión. “Se equivocaron”, escribió Die Zeit. Las elecciones europeas de junio del 2009 parecían mostrar que los alemanes preferían que hubiese menos en lugar de más estado. Sin embargo, de algún modo este dato no encontraba eco en los medios.

K.W. declaraba a Die Zeit: “Lo decisivo para resolver algo en materia electoral surge de la charla persona a persona: en familia, entre amigos, y en el Stammtisch” (Die Zeit, 6 de agosto de 2009). Tomando en cuenta la prolongada tradición del Stammtisch, quizá no quepa sorprenderse del escepticismo con el que suele recibirse la creciente intervención estatal en la sociedad. Por cierto, la mayor parte de los asistentes a la tertulia berlinesa de mi Stammtisch se encontrarían bajo la influencia de un negociante en automóviles, a quien apodaban “el Pepe de los fierros”, al opinar contra el salvataje financiero de la Opel, a la cual los norteamericanos de General Motors habían dejado fundirse con toda razón.

El Stammtisch posee larga memoria. Así, por caso, la suba de la tasa del impuesto al Valor Agregado aun es vista como uno de los errores fundamentales de la “Gran Coalición” [gabinete compuesto con ministros socialdemócratas y democristanos]. Y la próxima elección nacional que tenga lugar en Alemania ¿acaso será definida por los debates televisados de los principales políticos, o bien por la sutil influencia que se gesta en las opiniones cuando son discutidas en las tabernas de pequeñas ciudades alemanas? Desocupados, jóvenes y mujeres, alemanes de prosapia turca, apenas se encuentran representados en las reuniones de Stammtisch (y a menudo son también erróneamente evaluados por los encuestadores de opinión). El Stammtisch no habla por todos, pero es un importante barómetro.

No es la primera vez que se torna evidente el consejo del autor de la columna periodística titulada “Lo típicamente alemán”: si pretendéis comprender la sociedad, dirigíos a una taberna, pedid una cerveza y mantened abiertos los oídos. Ahora doy el mismo consejo a los políticos, si es que pretenden afirmarse en sus honrosas funciones.-

Roger Boyes^

^ [El autor es corresponsal del periódico británico The Times en Alemania. Su artículo, vertido al alemán y desde ahí retraducido al castellano para este blog, refleja situaciones alemanas dignas de ser conocidas pero diferentes de las que prevalecen en nuestra Argentina, y especialmente en Mar del Plata. El amplio criterio de Axel y Doris permite su publicación y discusión, aunque los diálogos orales en la tertulia de los viernes deban casi siempre correr por cauces temáticos alejados de la religión, la política partidaria y los partidos de fútbol. Aun así, son fructíferas esas reuniones para conocer a visitantes ocasionales, intercambiar datos, intentar el aprendizaje y el cultivo de ambas lenguas.

Algunos de los partícipes, afectados de algún déficit auditivo, quedamos un poco abrumados por la algarabía de voces generada alrededor de ese Stammtisch oral. O bien somos inhibidos de carácter para entablar largas conversaciones. Entonces nos queda el Stammtisch de la escritura, donde podemos exponer pensamientos u ocurrencias, bien es cierto que así se pierde la espontaneidad de los diálogos vivos. Trazo de este modo mis pareceres sobre méritos y desvantajas de una y otra expresión del Stammtisch marplatense: la oral de la conversación cara-a-cara y la visual del blog portador de imágenes, escrituras, eventualmente sonidos.

Dos riesgos más quiero apuntar en estas reflexiones: el de la escritura farragosa, defecto en el que caigo con demasiada frecuencia; y el del parloteo insubstancial, propio de quien toma la palabra para acallar todas las de otros y presumir de sus conocimientos, experiencias, aventuras (verosímiles o no), viajes y desventuras. Este defecto lo tuve quizá yo mismo cuando, al regreso de la escuela cotidiana y enriquecedora, me soltaba en casa con una verba atropellada, mezcla del idioma alemán doméstico y del castellano callejero, a punto tal que – muerto de risa – mi viejo me ordenaba: “Nun halt aber das Maul, du bist ein großer Sprücheklopper!”

Y con esta palabreja Sprücheklopfer – cuyo significado se infiere de lo anterior y puede consultarse en cualquier diccionario -, queda abierto el sendero por donde alguien tal vez quiera añadir un aporte a esta serie de Voces alemanas.- Carlos Haller] – Marzo 2011

otro origin: http://de.wikipedia.org/wiki/Stammtisch

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Encuentro del Stammtisch todos los viernes / Stammtischtreffen jeden Freitag - 17:30 - Primacy Apart Hotel , Santa Fe 2464, Mar del Plata

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